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Javier Sagarzazu pintor

JAVIER SAGARZAZU pintor

CRÍTICAS DE ARTE

25 Años de la Galeria Arkupe

La Galería Arkupe, de Javier Sagarzazu, cumple 25 años. Las Bodas de Plata. Pero bien entendido que se trata de los 25 años de la galería, no del tiempo que Javier Sagarzazu viene dedicándose a la pintura, que es toda su vida.

No había cumplido Javier los 15 años, cuando sus castillos construidos en la arena llamaban la atención, hasta tal punto que tras obtener varios premios locales y provinciales fue reconocido con el galardón estatal. Pero él había nacido para pintor y por ello sus ojos se llenaban de colores, de luces, de brumas y viento sur del Bidasoa. Después examinaba cómo aquellas luces y brumas habían sido plasmadas en sus lienzos por los grandes maestros que él tanto admiraba: Montes Iturrioz, Gracenea y Menchu Gal.

Su primer cuadro, - titulado “Vista desde la muralla” fue adquirido por el famoso futbolista, Patxi Gamborena, jugador del antiguo y glorioso Real Unión de Irún.

Y vinieron años de trabajo. La entrega a su vocación pictórica quedaba patente con la presentación de sus lienzos a cuantos certámenes de pintura se celebraban; y así su obra estuvo presente, en exposiciones colectivas que montó la Sociedad Oargui, en Hondarribia y en las Salas Municipales de Arte en San Sebastián y en la Sala Aranaz Darras con motivo del XIII Certamen de Navidad o en los salones del Castillo de Carlos V con el Certamen de “Pintura al aire libre”, donde, por cierto, obtuvo el segundo premio.

Fue en Agosto de 1967 cuando Javier Sagarzazu fue invitado a montar una exposición individual en el Salón de Plenos del Ayuntamiento hondarribiarra. Su primera exposición individual que constituyó un reconocimiento oficial a lo mucho y bueno que venía trabajando. Javier Sagarzazu recuerda con cariño y reconocimiento a Juan José Lapitz y Manuel Echeveste entonces concejales y al alcalde Pedro Aguinagalde. De aquella su primera exposición individual se cumplen ahora 40 años.

Y continuaron los triunfos artísticos... Cada año se contabilizaban en tres y hasta cinco exposiciones colectivas en las que tomaba parte Javier Sagarzazu en el Museo de San Telmo, en las Salas Municipales de Arte de San Sebastián, la Casa del Cordón de Vitoria, Galería Windsor, de Bilbao. “Guipuzcoa vista por los pintores” fue una exposición itinerante que la Diputación montó y mostró por diversos territorios del Estado.

Javier Sagarzazu pronto fue un pintor conocido y admirado no solo en el País Vasco o en Madrid, Valencia o Zaragoza sino que sus lienzos viajaron, para ser expuestos, a Munich, Londres, Berlin, Nueva York, Caracas, París, Burdeos y Viena.

Como buen artista tenía Sagarzazu una clara y fuerte vocación docente, una necesidad de abrirse y enseñar el arte pictórico a los demás. De acuerdo con el entonces párroco D. Ignacio Zabaleta comenzó a impartir clases de pintura en los locales parroquiales de Kerizpe. Pasado un tiempo, la entonces alcalde Doña Mercedes Iridoy le ofreció las aulas de las Escuelas Viteri, a donde trasladó sus clases el pintor. La evolución de los cursos le obligó al pintor a trasladar a local propio sus enseñanzas y así abrió un estudio en la Calle Leyba. El número de alumnos y las constantes actividades hicieron que el local de la calle Leyba quedara insuficiente. Hubo pues que buscar nueva ubicación.

El nuevo local que abrió Javier Sagarzazu estaba y sigue estando en la Plaza de Gipuzkoa, de Hondarribia. Un salón que cumple la doble finalidad de ser el estudio en el que Sagarzazu imparte sus clases a numerosos alumnos no solo de Hondarribia e Irun sino también de lugares más alejados. Es también el nuevo local la galería – Arkupe – donde los meses de verano se convierte en una atractiva sala de exposiciones a la que acuden artistas, compradores, y admiradores del arte.

Pues bien esta es la sala que cumple ahora 25 años ininterrumpidos de actividad. Son pues las Bodas de Plata de la Galería “ Arkupe”.

Cuando Javier Sagarzazu decidió montar aquí, donde está ahora, el Estudio – Galería, alguno le dijo: ¿Ahí vas a abrir la galería? Pero si ahí no sube nadie.Tras contar la anécdota Sagarzazu suele añadir: Actualmente hay 3 galerías, 3 cafeterías y un hotel.

El local se hizo rápidamente famoso tanto por la llegada diaria de alumnos, como por las exposiciones, individuales y colectivas, que abrieron, algunos veranos, primeras figuras del arte pictórico como Enrique Albizu, García Ergin, Menchu Gal, Gracenea, Jesús Montes, Carmen Maura, José Luís Noain, Javier Alcain, Manuel Echeveste, Josep Sala, Ortiz, Iñaki Moreno Ruiz de Eguino, sin olvidar las figuras del acuarelismo vasco como Carazo, Cortina, Lumbreras, Antón Hurtado y Justo San Felices.

La galería de Javier Sagarzazu tiene un sencillo toque de distinción y eso se debe al cuidado y buen gusto de las hermanas de Javier. Los tres primeros años se hizo cargo de la galería Mari Cruz y los veintidós restantes Arantxa.

Hoy la Sala Arkupe es indudablemente uno de los focos de atracción de la Plaza de Gipuzkoa hondarribiarra.

JAVIER DE ARAMBURU

Javier Sagarzazu,
gizon artista /
el hombre artista

He aquí un maestro que quiere ser un adolescente eterno en la búsqueda y la inquietud, algo como ese joven eterno, el gran Leonardo. Sagarzazu para el que Joyce podía haber escrito algo nuevo en los confines del tema del artista adolescente, en otra versión, distinta pero correlativa.

Sagarzazu es un gran pintor, un hombre que trabaja para expresar esos estados del alma con su gran bagaje de saberes que necesíta para comunicarse. Un artista completo que lo mismo trabaja el dibujo, el óleo, que experimenta materiales nuevos, más allá de su entrega fundamental y básica al género de los elegidos, la acuarela, donde puede expresar mejor su yo íntimo y refinado. Un campo difícil éste de la acuarela que domina a la perfección, siendo conocido así, en los medios más exigentes del País, de España y del extranjero, como lo que es. Como lo certifican el reconocimiento de la crítica y los premios más señeros entre otros, de ese Premio Nacional de Acuarela de 1995.

Ahí está el Sagarzazu intimista que, sin embargo, sabe buscar la complicidad misteriosa del público atento, a partir de esas obras únicas, aparentemente desdibujadas, que entregan sin embargo, unos horizontes insólitos con logros de perfiles rotundos. Esos paisajes refinadísimos donde el mundo físico exterior ventanas afuera y el interior, ventanas para dentro, hacen el arte de Sagarzazu apoyado en el espectro cromático más ámplio; donde gamas y matices permiten esa recalada única en el paisaje del alma que pocos artistas pueden ofrecer.

El descubrimiento de la luz es el gran milagro de este artista, tan sensible y sutil que sabe jugar con ese abanico de colores cribados abierto, tan sugerente y rico en irisaciones contrastadas. Un mundo fascinante el de esas gamas de grises riquísimas y rigurosas. Esas entonaciones azuladas y verdosas, frías. Ese saber divertirse a veces con gamas sordas en búsqueda de logros extraños... Ese proyectarse, luego, en el mundo cálido que surge desde esas bases de fondos ocres o sienas, donde estallará la luz emergente entre insólitos apoyos superpuestos de medias tintas. Esa presencia obsesiva a veces de gamas naranjas... ricas, al servicio de esta pintura de estados del alma, con una paleta tan personal, y donde, del mundo de la figuración al propio abstracto, el artista sabe entregar su yo. Sin opacidades, en esa manera de transparencias sutiles. Tan suya que es el resultado del dominio del modo y la materia.

Tal vez, también, la pintura de Sagarzazu tenga mucho que ver en su génesis con haber nacido en ese paisaje humanizado, tan entrañable del Bidasoa.

Este paraíso de los artistas, donde el paisaje emerge entre brumas sutiles, en perpetuo devenir, invitando al aprendizaje del domesticado de una luz siempre tan cambiante. Ahí en el estuario del Bidasoa donde nos gusta recordar, duerme el pez mágico que devolvió la vista al viejo Tobías,como quiere Víctor Hugo.

Conocemos al hombre abierto y limpio, un hombre al par solitario, que a la docencia del arte como los viejos maestros y el retiro laborioso del estudio, une el contacto permanente con la naturaleza. Esos paseos de meditación de este "promeneur solitaire" roussoniano, que acompañado de su fiel mastín <<Thor>>, mide a zancadas el horizonte de los vericuetos de las tierras del Bidasoa. Este lugar al que siempre volverá el artista, despues de cada uno de sus viajes de prospección al extranjero, enriqueciendo el alma de nuevas fronteras abiertas.

La obra de Sagarzazu es inencasillable en los lugares comunes del género cuya vertiente conoce tan bien este artista. Del paisajismo urbano frío del mediterráneo, en esas lineas de los vedutistas antiguos, al paisajismo entroncado de la naturaleza, húmeda y brumosa, melancólica, de los países nórdicos, tan delicadamente cultivada en Inglaterra y Francia sobre todo. Este mundo de algunas acuarelas soberbias de Constable y aún en la frontera de nuestros días esas otras acuarelas tan sueltas que cultiva a veces el gran Cezanne. Y el descubrimiento del viejo Turner que abre tantas perspectivas, hasta las vanguardias abstractizantes y que nuestro hombre adora.

Sagarzazu, mira en otra línea más allá de todo ese mundo, ahí donde el arte puro es el gran estímulo de la búsqueda última, donde el hombre quiere proyectar su yo más profundo y verdadero.

Resulta difícil encerrar en pocas líneas una personalidad tan rica, que escapa a las síntesis fáciles, porque las síntesis proceden siempre por amputación de matices. Y Sagarzazu es un artista, que no tiene lectura sin recalar en el mundo de los matices. Sin embargo, se puede decir que este hombre con ángel, que escribe y pinta y actúa en el mundo que le ha tocado vivir, es en definitiva, rotundamente un gran artista y un hombre de bien.

Por Juan Ignacio de Uría
(De la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País)